Andrés Gauffín
Columnista invitado

A 42 años de su secuestro y desaparición

El comunista Ragone

“No te pases. La situación está muy grave como para hacer patriadas”. El 17 de marzo de 1976, en el mismo Congreso de la Nación, el entonces diputado nacional Julio Mera Figueroa recibía por teléfono un mensaje anónimo enviado con el fin de paralizar cualquier reacción acerca del secuestro del ex gobernador de Salta, Miguel Ragone.

Por Andrés Gauffín para NDS |

Miguel Ragone, a 42 años de su secuestro y desaparición en el marco del terrorismo estatal en la década del '70.

A pesar del mensaje, minutos más tarde Mera Figueroa defendía en el recinto su proyecto de resolución que pedía informes oficiales sobre el secuestro del ex gobernador y aludía al clima de violencia política que se había desatado en Salta. Recordó que unos días antes del secuestro  una persona –de la que no quiso dar el nombre- le había dicho en un aeropuerto que “Ragone merecía estar muerto”,  aunque que ya era frecuente oír decir que alguien "es comunista y hay que matarlo”

“Basta que alguien se oponga ahora a los proyectos de algunos de los personajes de la política lugareña para que, inmediatamente sea tildado con los peores calificativos: comunista, zurdo, oligarca, vende patria… Por la lucha gremial intestina ha caído compañeros de sectores que se tildan de derecha como también de los sectores de izquierda”, denunció desde su banca.

Tampoco nombrará Mera a esos personajes de la política lugareña que marcaban como marxistas a sus opositores, pero es que sus palabras en el recinto salían de una mezcla de valentía y miedo.

De todos modos, la voz del diputado será la única de Salta que se escuchará hablar sobre Ragone en el Congreso durante los días que fueron del secuestro Ragone  al golpe militar. Presente en el recinto, el diputado nacional Ricardo Falú había optado por guardar absoluto silencio durante el debate.

Los nervios y el estado de conmoción con que hablaba Mera Figueroa no sólo se explicaban por la a noticia del secuestro, sino también porque veía una misma lógica entre ese hecho y lo que él mismo había sufrido en los últimos 90 días: se pensaba a sí mismo como posible víctima de un atentado.

Es que tres meses atrás, Mera había integrado un nuevo bloque de diputados nacionales peronistas disidente del verticalismo isabelista.  “Infiltrado”, “agente de la oligarquía”, “disfrazado de Montonero”  fueron algunos de los calificativos que Mera Figueroa  recibió  de parte de una agrupación verticalista salteña a través de una solicitada.

 Había un hecho demasiado notorio que explicaba la conmoción de Mera Figueroa pero que el diputado no mencionaba a lo largo de su exposición: Ragone había sido secuestrado tres días antes de las elecciones internas en las que, como candidato tenía significativas posibilidades de quedarse con la presidencia del PJ salteño y en la que enfrentaba a agrupaciones isabelistas a ultranza. Ese era el mayor silencio del diputado que había logrado la voz censuradora del teléfono.

En el Senado no se escuchó ni una voz salteña.  El tema se había tratado en la noche del mismo 11 de marzo, pocas horas después que el entonces candidato a presidir PJ salteño fuera raptado a dos cuadras de su casa.

Lo más llamativo al respecto era que ningún senador salteño se había hecho presente en el recinto esa noche, pese a la gravedad de los hechos. Los peronistas José Armando Caro y Juan Carlos Linares –que habían compartido con Ragone la misma boleta justicialista con la que habían sido electos en 1973- había avisado que no irían a la sesión, lo mismo que Florencio Elías. Ninguno aprovecharía tampoco la siguiente sesión del 17 para intercalar en algún debate alguna expresión de repudio al secuestro del ex gobernador peronista.

De ese modo, la declaración protocolar que expresaría la “preocupación” del Senado por el secuestro de Ragone sería presentada por el oficialista Miguel Moreira, pero  ningún senador peronista quiso hablar en el recinto.

 Sólo el radical Hipólito Solari Yrigoyen –que había sufrido dos atentados de la triple A- tenía algo para decir esa noche en el Senado. Y lo tenía porque, a semejanza de Mera Figueroa, veía demasiadas vinculaciones entre lo que él mismo había sufrido en los últimos meses y el secuestro de Ragone.

Solari Yrigoyen no podía comprender  –y así lo remarcaba ese 11 de marzo en el Senado- que mientras el Poder Ejecutivo se mostraba eficaz para combatir “la subversión y la violencia de la ultra izquierda”, no causaba la misma impresión “frente a otros hechos que provienen de la ultraderecha pero que todos los días van dejando víctimas que a todos nos conmueven”.

No era suficiente, por tanto para Solari Yrigoyen, la pura declaración del Senado –finalmente aprobada- condenando el secuestro de Ragone y expresando el deseo de que no le hubiera pasado nada más que la privación ilegítima de su libertad. Era necesario solicitarle mayor firmeza al Poder Ejecutivo Nacional.

Porque en Córdoba coches sin patente recorren la ciudad mostrando metralletas e Itakas, recordó Solari Yrigoyen

“Esta mayor firmeza en su actitud la solicitamos desde que comenzó a conocerse la actuación de la organización terrorista denominada las tres A.  Nosotros queremos que todos los que estén en el Estado se manejen dentro de la ley”. Y remarcaba que no era posible que, porque haya delincuentes que maten, los que tengan que reprimirlos también tengan licencia para matar.  “Estaríamos entonces en la ley de la selva o en la ley del Talión, de las sociedad primitivas, del ojo por ojo y diente por diente, sin reconocer a la justicia”.

No había que hacer demasiada interpretación de las única palabra de condena del secuestro de Miguel Ragone que se escucharon ese mismo día 11 de marzo en el Senado de la Nación: Ragone, según analizaba Solari Yrigoyen, había sido víctima de una de las bandas de la Triple A que desde hacía meses circulaban impunemente por capitales de provincias, sin que autoridad alguna le opusiera resistencia efectiva.

  • Andrés Gauffin, periodista*
  • andresgauffin@gmail.com

(*) Autor del libro “Noticia urgente sobre Ragone - Estado de excepción en Salta. 1973-1975”, primera edición agotada en Salta.

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