En 1976 Silvio René Santillán tenía seis años. La madrugada del 10 de agosto de ese año le tocó sufrir la violencia de un grupo de tareas que entró a su casa y secuestró a su padre para matarlo rato después. “Yo pienso que nadie puede olvidarse lo que nos tocó vivir a nosotros. Verlos pelear a mi papá, a mi mamá, a mi hermana mayor que en ese momento tenía 7 años. No queriendo que se lo lleven. Y verlo cómo le pegaban con la Itaka en la cabeza, en la cara, verlo todo ensangrentado”, afirmó ayer el hijo.
El cuerpo de Jorge René Santillán fue encontrado esa misma mañana, alrededor de las 6, en el camino a Acambuco. Sus familiares saben que los secuestradores eran miembros del Ejército. Eran seis o cinco hombres encapuchados, que dijeron ser de la Policía pero uno de ellos, que en algún momento quedó sin la capucha, fue reconocido por Irma, la esposa de Santillán: era un suboficial del Ejército.
Por este hecho están siendo juzgados el ex jefe del Ejército en Salta, Carlos Alberto Mulhall, y quien fuera jefe del Regimiento de Monte 28, con asiento en Tartagal, Héctor Ríos Ereñú, que en la democracia llegó a jefe del Estado Mayor del Ejército.
El Tribunal Oral en lo Federal de Salta tenía previsto comenzar ayer a analizar el secuestro y homicidio de Santillán, pero la audiencia debió suspenderse debido a que no había servicio de Internet en Comodoro Py, desde donde siguen el debate los dos acusados. Silvio, que junto a su hijo y a su esposa concurrió a la audiencia, lamentó la suspensión. Su tío, Alfredo Santillán, y su madre, Irma, tenían que declarar ayer pero sus testimonios fueron pospuestos para hoy, igual que los de otros testigos.
Los Santillán vivían en General Mosconi. Hasta julio de 1976 Jorge Santillán trabajaba en YPF y era delegado del sector Metalúrgica del Departamento de Electromecánica. Con su hermano Alfredo, que trabajaba en el sector Usina del mismo departamento, eran opositores al oficialismo en el Sindicato Unidos Petroleros del Estado.
También militaba en la JP y, como todos los militantes de la época, realizaba trabajo social con los pueblos originarios de la zona y en los barrios más necesitados. Con Alfredo estaban impulsando la construcción de un centro sanitario, donde iba a atender el médico Pedro Urueña, también secuestrado y asesinado por esa época.
Los Santillán dieron cuenta ayer, una vez más, de las secuelas del terrorismo de Estado. “Él (Jorge) tenía un pijama, celeste, un color así, yo todavía tengo el saco de ese pijama que sigue roto donde estaba roto, tiene unas manchas como si fuesen de óxido pero que no es óxido, es la sangre, que yo todavía lo tengo y muchas veces duermo con ese saco”, recordó ayer Silvio, con la emoción dificultándole el habla.
Jorge e Irma tenían cinco hijos: Silvio y su hermana Rosa, los más grandes, trataron de evitar el secuestro de su padre. Las más chiquitas dormían. Ayer un familiar recordaba que Rosa pedía a los secuestradores que le dejaran al padre al menos hasta que cumpliera 15 años.